EL POLVO LUNAR PODRÍA REVELAR SECRETOS DE CIVILIZACIONES ALIENÍGENAS
Un estudio de la Universidad de Oxford sugiere que el regolito de la Luna podría contener pistas sobre vida extraterrestre antigua.

Un reciente estudio conducido por el astrofísico Brian C. Lacki de la Universidad de Oxford plantea que el polvo de la Luna podría ser la clave para descubrir señales de civilizaciones extraterrestres que existieron hace millones de años. La investigación, que aún está pendiente de revisión por pares, se centra en las tecnofirmas, que son indicios de civilizaciones que podrían ser detectadas con tecnologías actuales.
Lacki sugiere que, dado que las probabilidades de coincidir temporalmente con seres alienígenas son escasas, es más plausible encontrar las “ruinas de civilizaciones muertas” en la superficie lunar. El polvo lunar, conocido como regolito, podría albergar esos vestigios.
Tradicionalmente, la búsqueda de vida extraterrestre, bajo el acrónimo SETI, se ha enfocado en detectar señales de radio provenientes de más allá del Sistema Solar. Sin embargo, Lacki argumenta que este método presenta inconsistencias, ya que incluso en la Tierra, las transmisiones de radio han disminuido con el tiempo.
El estudio clasifica las tecnofirmas en tres tipos: difusores que reflejan colores inusuales, ocultadores visibles por patrones de atenuación, y centelleos, que funcionan como espejos gigantes que pueden enfocar luz estelar a distancias enormes.
Una de las hipótesis planteadas es que el polvo lunar podría contener fragmentos de estructuras alienígenas que, tras sufrir un proceso de pulverización, se han convertido en partículas microscópicas. Este material podría ser arrastrado por el viento solar y dispersarse por el cosmos.
El investigador destaca que, incluso si estas partículas llegaron a nuestra galaxia hace miles de millones de años, la Luna, al ser un mundo inactivo, podría haber conservado esos vestigios hasta el presente. Así, se abriría la posibilidad de estudiar el polvo lunar para hallar indicios de vida extraterrestre extinta, sin necesidad de contar con telescopios avanzados.
“No se trataría de objetos grandes y deliberadamente colocados, sino de polvo que representa un testimonio microscópico involuntario de nuestros posibles predecesores, que aún esperan ser descubiertos”, concluye Lacki.

