EL ALFAJOR, LA GOLOSINA FAVORITA DE LOS ARGENTINOS, SE REINVENTA Y SIGUE ROMPIENDO RÉCORDS DE CONSUMO
En Argentina, se venden más de 10 millones de alfajores al día, lo que convierte al país en el mayor consumidor del mundo. Nuevas variedades están surgiendo para adaptarse a las tendencias del mercado.

El alfajor continúa siendo la golosina más elegida por los argentinos, con un consumo que supera los 10 millones de unidades por día. Este dulce, que combina dos galletitas con un relleno, generalmente de dulce de leche, ha logrado mantenerse como el favorito a pesar de la caída general del consumo de golosinas en el país.
La producción de alfajores en Argentina se divide entre la industria y la artesanía, y cada región aporta sus propias variantes. Recientemente, se han incorporado nuevas opciones que van desde los sabores más tradicionales hasta innovaciones como alfajores veganos y proteicos. Según Natalia Colla, Grouper de Harinas de Grupo Arcor, en 2025 se consumió un promedio de 85 alfajores per cápita.
El crecimiento del consumo de alfajores ha sido notable, con un aumento del 5% en volumen en 2025, superando el promedio de otros bienes de consumo masivo. Además, el ecommerce se ha consolidado como un canal clave, con un incremento del 28% en volumen y del 10% en unidades respecto al año anterior.
Los alfajores tradicionales conviven con propuestas más modernas, como los alfajores de pistacho y versiones más grandes que han ganado popularidad. Según Claudio Messina, director Comercial de Fantoche, el alfajor ha evolucionado de ser una simple golosina a convertirse en un alimento que se consume en diversas ocasiones del día.
Los consumidores han comenzado a preferir versiones más grandes y con más dulce de leche, lo que ha llevado a un cambio en la forma en que se disfruta este clásico. “Antes se prefería el tamaño tradicional de 30g a 40g, y ahora se busca un formato más indulgente, de 75g en adelante”, explica Colla.
La variedad de alfajores también ha aumentado, con opciones que incluyen sabores como chocolate blanco, pasta de maní y propuestas aptas para celíacos. Esta diversificación refleja la evolución de uno de los productos más representativos de la identidad gastronómica argentina.



