EL CIBERCRIMEN SUPERA EL PBI DE AMÉRICA LATINA Y SE CONSOLIDA COMO LA TERCERA ECONOMÍA GLOBAL
Los delitos informáticos generan pérdidas de 12 billones de dólares anuales, según un informe que revela el crecimiento de esta actividad ilícita.
El cibercrimen ha alcanzado una magnitud económica que supera el Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina y el Caribe. Durante 2025, los daños causados por fraudes, robos de información y otros delitos informáticos se estimaron en 10,5 billones de dólares. De acuerdo con un informe de Cybersecurity Ventures, se prevé que el costo global del cibercrimen supere los 12 billones de dólares en 2026.
Esta cifra posicionaría al cibercrimen como la tercera economía más grande del mundo, solo detrás de Estados Unidos y China. Este crecimiento ha transformado la imagen del cibercriminal, que ahora opera en estructuras organizadas capaces de desarrollar programas maliciosos y negociar rescates.
El modelo de negocio conocido como Cybercrime-as-a-Service permite a los delincuentes especializarse en distintas tareas, como la obtención de contraseñas o el cifrado de datos. Esta división del trabajo facilita ataques complejos, reduciendo los costos y acelerando las operaciones.
Las organizaciones criminales han adoptado métodos de operación similares a los de empresas tecnológicas, utilizando automatización e inteligencia artificial para maximizar sus ingresos. Según Juan Carlos Rivera, Security Advisor para Akamai Latinoamérica, estas estructuras imitan funciones de empresas legales, incluyendo atención al cliente y desarrollo tecnológico.
América Latina se ha convertido en un objetivo atractivo para los ciberdelincuentes debido a la expansión de servicios digitales y el uso de sistemas desactualizados. Durante el segundo trimestre de 2025, las empresas de la región enfrentaron un promedio de 2803 ataques semanales, lo que representa un crecimiento del 5% en comparación con el año anterior.
Las técnicas más utilizadas por los ciberdelincuentes incluyen el phishing, donde se envían correos fraudulentos que parecen proceder de instituciones legítimas, y el ransomware, que cifra la información y exige un rescate para su recuperación. Además, los ataques de denegación de servicio (DDoS) se han vuelto comunes, saturando sistemas y provocando pérdidas económicas.
El informe también destaca el creciente riesgo asociado a las APIs, que son cada vez más atacadas debido a su función de conectar sistemas y facilitar operaciones. En 2025, se registró un crecimiento del 113% en ataques diarios contra estas interfaces, lo que refleja la necesidad de mejorar la ciberseguridad.
Para enfrentar estos desafíos, es fundamental que las organizaciones entiendan el modelo de negocio de los grupos ciberdelictivos, lo que permitirá diseñar estrategias de seguridad más efectivas y adaptativas.
