UNO DE CADA CUATRO ADOLESCENTES PARTICIPÓ EN RETOS VIRALES EN EL ÚLTIMO AÑO
Un estudio de la Universidad Austral revela que el 25% de los jóvenes se involucró en estos desafíos, lo que preocupa a especialistas por sus riesgos.

Un reciente estudio de la Universidad Austral ha revelado que uno de cada cuatro adolescentes en Argentina ha participado en al menos un reto viral durante el último año. Esta cifra, que representa el 25% de la población adolescente, ha generado preocupación entre educadores y padres debido a los riesgos asociados a estas prácticas.
La investigación, publicada en la revista Youth & Society, indica que el 14% de los adolescentes realizó uno o dos retos, mientras que el 5% se involucró en tres o cuatro, y un 6% afirmó haber participado en cinco o más. Este fenómeno está vinculado a la búsqueda de aceptación social y aprobación entre pares, lo que puede llevar a los jóvenes a asumir riesgos peligrosos.
Según Santiago Resett, investigador del CONICET y docente de la UADE, el deseo de pertenecer a un grupo es uno de los principales motores detrás de estos desafíos. “La presión social puede empujar a los adolescentes a participar en conductas que normalmente evitarían”, explicó Resett. Esto se ve reflejado en un entorno donde la validación se mide por likes y comentarios, lo que puede incrementar la impulsividad y la necesidad de aprobación externa.
El estudio también encontró que aquellos que participan más frecuentemente en retos virales tienden a presentar mayores niveles de depresión y adicción digital. Sin embargo, los investigadores aclaran que esto no implica una relación directa de causa y efecto, sino que puede ser parte de un mismo perfil de vulnerabilidad emocional. La adolescencia es una etapa crítica en el desarrollo del cerebro, donde áreas como el córtex prefrontal, responsable del control de impulsos y la evaluación de riesgos, aún están en formación.
Los riesgos derivados de los retos virales son variados, incluyendo peligros físicos como la privación del sueño o actividades que pueden comprometer la seguridad personal. Además, prácticas como el oversharing, que implica compartir información personal en redes sociales, pueden facilitar situaciones de ciberbullying o grooming.
Las plataformas como Instagram y TikTok son especialmente atractivas para los adolescentes debido a sus características de interacción constante y búsqueda de aprobación social. Resett destaca que estas aplicaciones utilizan algoritmos que favorecen el consumo continuo, lo que puede intensificar la necesidad de validación entre los jóvenes.
Frente a esta problemática, los especialistas sugieren que la solución no radica en prohibir el uso de tecnología, sino en acompañar y supervisar el uso de dispositivos, estableciendo un diálogo abierto sobre los riesgos. Iniciativas como la “regla de los diez segundos”, que invita a los adolescentes a reflexionar antes de publicar contenido, son recomendadas para mitigar los riesgos asociados a los retos virales.

