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Sociedad 16 junio, 2026

EL FENÓMENO DEL ‘DOOM SPENDING’: GASTAR PARA ALIVIAR EL ESTRÉS

Expertos analizan cómo el 'doom spending' se convierte en una respuesta a momentos de ansiedad y estrés económico.

Gastar dinero para aliviar el estrés

En tiempos de incertidumbre económica y estrés laboral, muchas personas adoptan un comportamiento que puede parecer contradictorio: gastar dinero para sentirse mejor. Este fenómeno, conocido como ‘doom spending’, se traduce como ‘gastar por desesperanza’ y se refiere a la tendencia de realizar compras impulsivas como una vía para aliviar emociones negativas.

Los especialistas en salud mental explican que este comportamiento se activa principalmente en situaciones de ansiedad, frustración o estrés. En lugar de realizar compras por necesidad, las personas buscan una sensación inmediata de satisfacción. Esto se debe a que, al comprar, se libera dopamina, un neurotransmisor que genera placer y motivación, provocando una sensación temporal de bienestar.

Sin embargo, el alivio que se obtiene de estas compras suele ser efímero y puede dar paso a sentimientos de culpa y preocupación por el dinero gastado. Las compras ofrecen una sensación de control en un entorno donde las personas sienten que tienen poco poder sobre su situación. Ante noticias negativas o problemas personales, adquirir un producto puede generar una gratificación inmediata, haciendo que la persona sienta que está tomando decisiones concretas.

Los expertos advierten sobre ciertas señales que pueden indicar que el ‘doom spending’ se ha vuelto problemático. Estas incluyen comprar por emociones negativas, adquirir productos innecesarios, experimentar culpa tras gastar, ocultar compras a seres queridos, y tener dificultades para cumplir con objetivos de ahorro.

Para evitar caer en este patrón, se recomienda identificar la emoción detrás del impulso de compra. Reconocer si se trata de estrés, aburrimiento o preocupación puede ayudar a tomar decisiones más conscientes. También es útil esperar un tiempo antes de concretar una compra impulsiva para evaluar si realmente se necesita el producto.

Alternativas como realizar actividad física, conversar con alguien de confianza o practicar técnicas de relajación pueden ofrecer bienestar sin afectar las finanzas personales. Aunque el gasto puede proporcionar una sensación momentánea de felicidad, es crucial revisar las necesidades emocionales que se intentan satisfacer con cada compra.

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