EL TRÁGICO ACCIDENTE QUE CAMBIÓ LA VIDA DE GISELLE AGOSTINO A LOS 14 AÑOS
Giselle Agostino, a sus 14 años, sufrió un accidente que la dejó cuadripléjica tras una imprudente pirueta en una pelopincho. Su historia es una lucha constante por la vida.

Giselle Agostino sufrió un accidente que transformó su vida el 31 de diciembre, cuando solo tenía 14 años. La adolescente, impulsada por la rebeldía típica de su edad, mintió a su padre, un bombero voluntario, para permanecer cerca de su novio. En lugar de seguir el plan de pasar la noche con su madre, decidió subirse al esquinero de una pelopincho y realizar una mortal hacia adelante, un movimiento que resultó desastroso.
El impacto de su cuello contra el fondo de la lona la dejó inmóvil, flotando en el agua. Cuando su padre llegó, tras recibir un llamado de emergencia, la encontró en el pasto, y su primera frase fue devastadora: «Papá, me duele mucho el cuello, no siento las piernas». Fue llevada de urgencia al Hospital del Niño de San Justo y luego al Garrahan, donde se confirmó una lesión medular alta e incompleta.
Después de una semana en coma, Giselle despertó con la dura realidad de su nueva condición. La culpa y el reproche familiar la acompañaron en su recuperación, especialmente porque su padre le recordaba constantemente la imprudencia que la llevó a esa situación. A pesar de esto, Giselle luchó por superar su dolor y encontrar un nuevo sentido a su vida.
El día de su cumpleaños número 15, en lugar de celebrar, lo pasó en una cama de hospital. Con el tiempo, regresó a su hogar en Ramos Mejía, donde tuvo que lidiar con las miradas de los demás y con su propia rebeldía, que la llevó a tomar decisiones arriesgadas en su intento por recuperar la normalidad.
A los 19 años, Giselle conoció a Pablo, quien la ayudó a enfrentar sus miedos y a redescubrir su vida. A pesar de las dificultades, comenzaron una relación que le permitió a Giselle abrirse a nuevas experiencias, incluyendo la posibilidad de ser madre, un deseo que había considerado imposible.
Finalmente, el embarazo llegó de manera inesperada durante la pandemia de 2020. A pesar de los pronósticos negativos, su experiencia fue positiva y pudo dar a luz a su hijo Alejo, quien nació prematuro a las 34 semanas. La maternidad trajo consigo nuevos desafíos, pero con el apoyo de Pablo, Giselle encontró la fuerza para adaptarse a su nueva vida como madre.
Hoy, tras años de rehabilitación y esfuerzo, Giselle ha logrado alcanzar metas que muchos consideraban imposibles. Aunque no puede mover sus brazos ni sus dedos, ha desarrollado técnicas para realizar tareas diarias y trabaja desde casa para la Auditoría General de la Nación. Su historia es un testimonio de resiliencia y superación, y aunque su dependencia física es total, su independencia emocional y su capacidad para tomar decisiones son completamente suyas.






