LOS CAMBIOS DE TEMPERATURA PUEDEN AGRAVAR LA MIGRAÑA, ADVIERTE UN NEURÓLOGO ARGENTINO
El especialista Roberto Belvís explica cómo las variaciones climáticas influyen en la frecuencia de los episodios de migraña.

El neurólogo Roberto Belvís ha alertado sobre la posibilidad de que los cambios bruscos de temperatura puedan aumentar la frecuencia de los episodios de migraña en personas predispuestas. Esta condición afecta a millones de personas y se caracteriza por ataques recurrentes de dolor intenso, que pueden ir acompañados de náuseas y sensibilidad a la luz o al sonido.
A lo largo de los años, diversos estudios han investigado la relación entre factores ambientales y la migraña. Aunque la evidencia científica no ha logrado establecer una conexión directa entre el frío y la aparición de esta enfermedad, Belvís sostiene que los cambios drásticos en la temperatura pueden ser un desencadenante en ciertos individuos.
El neurólogo, quien coordina el Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología, subrayó que no hay pruebas concluyentes que demuestren que una condición meteorológica específica cause migrañas. Sin embargo, destacó que un metaanálisis que revisó alrededor de 80 investigaciones sobre factores atmosféricos solo encontró que 11 estudios cumplían con criterios metodológicos adecuados.
Entre las hipótesis que intentan explicar por qué algunas personas reportan una mayor frecuencia de migrañas con el cambio climático, se menciona que partículas transportadas por el viento podrían ingresar por las vías respiratorias y estimular el nervio trigémino, un elemento clave en la generación del dolor de migraña. Además, se sugiere que las variaciones térmicas podrían inducir respuestas fisiológicas que favorezcan una crisis.
Para mitigar el dolor de cabeza, los especialistas recomiendan descansar en un ambiente tranquilo, con poca luz y sin ruidos intensos. La hidratación es fundamental, ya que la deshidratación puede intensificar el malestar. También es crucial identificar posibles desencadenantes, como el estrés o la falta de sueño, y llevar un registro de los síntomas para reconocer patrones que ayuden a prevenir futuras crisis.
En caso de que el dolor sea persistente o se presente de manera recurrente, se aconseja consultar con un profesional de la salud. Es especialmente importante buscar atención médica si el dolor es muy intenso o va acompañado de síntomas como alteraciones visuales o dificultades para hablar.


